Garbo - Dietrich - Kelly - Hepburn.. Cuatro mitos del cine.

Garbo - Dietrich - Kelly - Hepburn.. Cuatro mitos del cine.
Estrellas leyendas del cine dorado. Escenas con intriga y misterios, ilusión y desengaños, amores y traiciones, pasiones y odios. Son algunas de esas grandes estrellas, entre el universo de los mitos del cine. Estrellas del fascinante cine en “Blanco y Negro”. (Clic imagen portada)

sábado, 24 de febrero de 2018

Marlene Dietrich. "La mujer más enigmática del Séptimo Arte". Nos miraba con "Los ojos más lánguidos del cine"

Marlene Dietrich. Ojos entreabiertos. Párpados que caen levemente sobre las pupilas. Mirada lánguida
"A cualquier mujer le gustaría ser fiel. Lo difícil es el hombre a quien serle fiel"
  
"Las mujeres tienen una edad en que necesitan ser bellas para ser amadas, y otra en que necesitan ser amadas para ser bellas"
    
"Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a título de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad"   
  
"Son los amigos que puedes llamar a las cuatro de la mañana los que importan"
  
"Si pudieras marcharte ahora y volver hace diez años..."
  
"La libertad es la madre de todos los bienes cuando va acompañada de la justicia"
  
"La imaginación exagera, la razón subestima, el sentido común modera"
  
"¿Miedo a la muerte? Uno debe temer a la vida, no a la muerte"
  
"Hago que el mar se encrespe. Logro que la jungla arda. Soy una mala influencia"

Marlene era tan sofisticada, tan presumida y preocupada por la suntuosidad de su elegancia que dijo una vez, en una entrevista: "Nunca me desmayo. porque no estoy segura de si voy a caer con estilo".
    
(Marlene Dietrich)
  
Es uno de esos planos de Marlene, en el que vemos su rostro
nostálgico y bello, misterioso y sugerente, gélido y sugestivo
Marlene Dietrich. Nacida en Berlín el 27 de diciembre de 1901, de nombre original Marie Magdalene Dietrich, adoptó más tarde la nacionalidad norteamericana. Falleció el 6 de mayo de 1992 a los 90 años de edad. Hija de un teniente de policía y de una joyera y relojera, desde niña comenzó a entusiasmarse por el espectáculo, de adolescente por el teatro y a los 18 años de animadora en una orquesta que ponía música a películas mudas. Ya entonces se llamaba "Marlene". A los 20 era corista en espectáculos de revista. En aquel Berlín lujurioso y libertino, plagado de tugurios y cabarets de corte prehitleriana, Marlene comenzó a desenvolverse sin pudor alguno para mezclarse en todo un circo de vicio ajeno a prejuicios moralistas. Se casó a los 21 años con un director de cine de tercera que le ayudó en sus primeros pinitos. Con él tuvo la única hija que se le conoce. Ella fue su fiel acompañante durante la madurez de la estrella. Después, tuvo algunos escarceos en films mediocres. Y por fin, Marlene protagoniza una película que lanza su carrera en el ámbito internacional. Se trata de "El ángel azul", producción alemana de 1930 dirigida por Josef von Sternberg y en la que la actriz hace una interpretación asombrosa y brillante. A partir de aquí, nace una estrella. (Clic en el nombre y en los textos sobrescritos en azul tenue para enlace con los documentos en vídeos)
  
Uno de los atractivos de Marlene eran sus "piernas de infarto",
en aquella época todo un referente estético. Y un problema
que le costó la prohibición de "El ángel azul" en Alemania.
Marlene Dietrich recibe un varapalo al fallecer su padre, pues la afectividad que necesitaba en su infancia se fue con él. A la férrea educación de su madre le compensaron las lecciones de desinhibición y seducción de su abuela. Su inquietud artística y sus dotes para la música (el piano, el canto y el violín) le llevaron a frecuentar clubs nocturnos, algunos lésbicos, a los que asistía vestida con frac y pajarita, vestuario que se hizo común en ella y con el que se la dio más a conocer al principio de su carrera. Su trasfondo homosexual no la llevó a esconderse de lo que algunos la empezaron a criticar acusándola de "pervertida". Mientras, a sus 20 años tuvo una sentimental muy tórrida con "la reina del cabaret" de Berlín, Claire Waldoff, lo que no evitó seguir siendo bisexual. De hecho al poco tiempo se casó con Rudolf Sieber, quien le consiguió las primeras influencias en el cine. Pero fue Von Sternberg quien la salvó de la mediocridad de los cabarets. Así y todo, Marlene siguió siendo adicta de los ambientes de lujuria, aunque ya en altos niveles. Con el director Sternberg la relación sentimental que tuvo fue un desastre, pero profesionalmente llegaron a un tándem perfecto. El director le enseñó trucos de iluminación y fotografía y Marlene no desaprovechó ni una de las lecciones de su mentor. Hay que tener en cuenta que Josef von Sternberg fue uno de los grandes maestros del "blanco y negro". Durante unos años éste dirigió a la Dietrich en varios filmes, pero sus desenfrenos le llevaron a una situación imposible, no obstante estar enamorado de ella. Y es que era conocido que al mismo tiempo que mantenía una relación con su benefactor, ella se acostaba con toda la plantilla de la película que hacía. Por otra parte su matrimonio con quien se había casado era una pantomima. Unos años después, cuando Sternberg la dejó, Marlene caería en una decadencia que a punto estuvo de llevarla al olvido.
  
Quizá, es la imagen que mejor expresa aquella eterna
belleza con la que Marlene vivía obsesionada,
persiguiendo con ella "la eterna juventud"
Mientras, en medio de la irregularidad y de la agitada vida de Marlene, algo no marchaba bien en la evolución de su carrera interpretativa, no suficiente por la intención del abandono de su mentor Sternberg. Su perfeccionismo artístico era hierático, faltaba expresión y registro en la actuación de su perfil de actriz. De ahí su estilo de intérprete misteriosa y de un parecido a la Garbo que no le iba en absoluto. Por cierto, una vez se vieron las dos estrellas, a petición de la Dietrich; la Garbo se incomodó tanto con la actitud de aquella que no quiso volver a encontrarse con ella. Tampoco hay que olvidar que Marlene se convirtió en una obsesa en perseguir la eterna juventud, y fue algo que le llevó durante toda su vida. En los rodajes, su manía era aún más compulsiva y a los técnicos les llevaba de cabeza para que su belleza fuera perfecta. Algunos directores llegaron a decir de ella que "como mujer era estupenda pero como actriz era un castigo de Dios". Por detrás, era común expresiones: "era una bruja""era la más zorra de todas".
  
Hay que decir en favor de su ruptura con su pasado, en que se mezclaba con la libertina y pervertida clase pro-nazi, que avergonzada por la Alemania de HitlerMarlene apoyó la causa estadounidense en la contienda mundial, ofreciendo espectáculos ambulantes a las tropas que se encontraban en el frente, lo que levantó la animadversión de los alemanes contra ella. Allí estaba  ella, la bella e impresionante Marlene, a veces en primera línea, cantando la vieja canción Lili Marlén. Fue una heroína bajo la tutela de los generales Patton Gavin, aunque también ella puso bajo su propia tutela sexual, a ellos y a quienes no eran de alto grado. Del frente de aquella Guerra Mundial regresó a recuperar su otro oficio de artista, pero esta vez en el cine. Al principio no le fue fácil por la mediocridad de sus trabajos. Fue algo más tarde cuando Marlen se entregó a la madurez de su carrera.

Había cierto hieratismo en la expresión de Marlene. O quizá era la solemnidad de esa marca expresiva
de sus rasgos lánguidos, sombríos, con los que hacía que su belleza se convirtiera en un semblante
bellamente patético.
La filmografía de Marlene Dietrich tiene dos etapas de esplendor. La primera comienza en su primera gran obra, la de "El ángel azul", la que dirigió Josef von Sternberg en 1930, producción aún alemana, una tragedia moderna, además de una obra erótica para su tiempo, supone el primer lucimiento meritorio de Marlene, en la que Sternberg consigue un excelente experimento de iluminación que aprovecha con la actriz, y ello conjugado con los contrastes del claroscuro del blanco y negro. Es, además, la primera película sonora rodada en Alemania. Otro film del mismo año que dirige Sternberg, aunque ya producida en Estados Unidos, es "Marruecoscon Gary Cooper como compañero de reparto.
  
Le siguen en esta primera etapa, aunque ya todas como producciones norteamericanas, "Fatalidad"(1931), "La venus rubia" (1932) y "El expreso de Shangai" (1932), las tres en clave genérica de drama y dirigidas igualmente por Sternberg. La segunda tiene la curiosidad de tener a Cary Grant en el año de su debut y como compañero de reparto. En cuanto al tercer trabajo rodado ese año la crítica dijo que fue la mejor película de Sternberg, un film por cierto rodado íntegramente en los estudios y que describe un impecable estudio de sensualidad de la actriz.
  
Marlene Dietrich siempre fue "la estrella de los ojos
lánguidos", aún en los retratos que dibujaban los
pintores de su época.
Josef von Sternberg dirige a  Dietrich por última vez en dos filmes en los que intenta dejar el mejor resultado de su duelo artístico con quien siempre él mismo dijo fue su musa. Una es "Capricho imperial", producida en 1934, un drama histórico en el que el cineasta germano  consigue uno de los mejores lucimientos de su cine expresionista. La otra es "El diablo es una mujer", realizada en 1935, último trabajo con Marlene. (Clic en los títulos de los films y en los textos con su nombre sobrescritos en azul tenue, los que enlazan con documentos en vídeo).
  
"La estrella de los ojos lánguidos" pierde a su maestro y mentor, pero en absoluto se queda huérfana de sus excepcionales dotes artística, de su capacidad interpretativa. El año siguiente comienza una nueva y gran carrera de trabajos. "Deseo" (1936), con Gary Cooper en el reparto y con influencias de Ernst Lubitsch, el maestro de la ironía (film completo en el enlace). "La condesa Alexandra" (1937), producción inglesa, un drama sobre la revolución rusa. "Ángel" 1937, con Melvyn Douglas en el reparto, es un ejercicio de elegancia y sofisticación que su director Erns Lubitsch sabe llevar muy bien entre la alta comedia y el puro melodrama, entre ambientes sofisticados y un mundo de apariencias. Con un espléndido "blanco y negro" (film completo en el enlace)"Alta tensión" (1941), con Edward G. Robinson, dirigida por Raoul Wash. "Capricho de mujer" (1942), en la que vemos a una Dietrich simpática y divertida en una comedia romántica con tintes melodramáticos. A partir de "Los usurpadores" (1942), un western sin lucimiento alguno y que salva la presencia de John Wayne, la filmografía de Marlene se mueve entre filmes mediocres y sus apariciones en la contienda de la Guerra Mundial. Es entonces, a mi parecer, cuando se acaba esa primera etapa filmográfica de la Dietrich a que antes nos referíamos.
  
Si el blanco y negro para Marlene era un misterio, tras el claroscuro de sus rasgos, el color en sus
facciones fue un aditamento de sublimación estética que,  de haber sido una actriz contemporánea,
habría conseguido transmitir una  fusión perfecta entre dos conceptos interpretativos,
el de la expresión cromáticos del blanco y negro y el del color.
Marlene Dietrich vuelve al cine por "la puerta grande", lo hace en el 48 y con éxito por cierto. Es la segunda etapa de la carrera de la Dietrich a que antes nos referíamos; es la etapa en que es dirigida por los mejores realizadores norteamericanos. Es verdad que no todos sus trabajos tuvieron calidad como para incluir en su mejor antología filmográfica, pero podemos citar algunas de esas obras. "Berlín Occidente" (1948), fue la primera de ellas. La dirigió Billy Wilder, y con buena dosis de sutiliza y elegancia, dada su temática basada en un inteligente alegato contra el puritanismo y la mojigatería tras el informe de una congresista sobre la moral de las tropas norteamericanas en el Berlín posterior a la Guerra Mundial. Excelente "blanco y negro" y buen trabajo el de Jean Arthur. "Pánico en la escena" (1950), producción inglesa, es un Hitchcok de facturación algo mediocre si no es porque le salva ese falso flashback que aparece en un momento del film, técnica que hoy abunda y de la que se abusa, aunque entonces fue de los primeros experimentos, razón por la que incluyo la referencia de este filme. "Encubridora" (1952), dirigida por Fritz Lang, co-protagonizada por Arthur Kennedy Mel Ferrer, y que he incluido también por su referente al género Western. "Testigo de cargo" (1957), un ingenioso rompecabezas judicial dirigida por Willy Wilder y co-protagonizada por Tyrone Power y con el impresionante trabajo de Charles Laughton. Destacar que las espléndidas puestas en escena de Wilder, unidas al retorcido misterio que ya se añade a la intriga de Agatha Christie, consiguen de la película una obra maestra del "cine en blanco y negro".
  
Indudablemente, ésta es una toma de Marlene tan
buena, con un enfoque tan cuidado, que no vemos
atisbo de sus imperfecciones. Como plano para
un fotograma está bien, pero en el cine yo la
hubiera filmado en su absoluta naturalidad.
Finalmente citar tres filmes: "Sed de mal" (1958), quizá la obra cumbre de Orson Welles, que no sólo dirige sino que pone guión y co-protagoniza con Dietrich, junto a Charlton Heston y Janet Leigh. De este película, dice Pablo Kurt (Filmaffinity), "una compleja historia sobre el poder y la corrupción, con un espectacular plano en la secuencia de apertura, un prodigio de dominio de la técnica y puesta en escena, y sin duda uno de los mejores comienzos de la historia del cine". La segunda, "Vencedores o vencidos" (1961), dirigida magistralmente por Stanley Kramer, con un reparto de lujo e interpretaciones soberbias. Sus titulares en la prensa de cine, entonces: "Espléndida, veraz, honesta", "una película poderosa y persuasiva". "Es una película necesaria, porque nos enseña que nunca debemos olvida a las víctimas ni perdonar a sus verdugos, y que nada justifica sacrificar valores como la vida, la justicia y la libertad en pro de ningún fanático nacionalismo". Julián Marías decía en un artículo sobre la película: "La estructura moral de una sociedad se rompe tan pronto como se dice´sí´ a la injusticia, al atropello, a la violación de la ley, a la privación de derecho justo". Aparte de esto, para mí, las mejores interpretaciones, las de Montgomery Clift y Maximillian Schell. En cuando a la última película con aparición honrosa aunque fugaz de Dietrich fue "Encuentro en París" (1964). que protagonizan William Holden, Audrey Hepburn, además de las interpretaciones de Tony Curtis, Fred Astaire, Mel Ferrer.
  
Hay que decir de cómo los medios y la crítica valoraron su trabajo. Se dice que los mejores papeles de Marlen los hizo en su madurez, aunque también es cierto que fue la época en que más incómoda se sentía ante la cámara, pues la estrella se resistía a perder su ya pasada juventud. Se dice que el color no le sentaba muy bien, tal vez porque ella se negaba a aparecer con sus imperfecciones, las que Steinberg Lubitsch le escondían. Fue un error tratar de disimular las señas que podían darle más personalidad y borrar la inexpresión de algunos planos. Creo que se perdieron enfoques y encuadres en los que a la actriz le hubiera quedado perfecta las secuencias en color. Por otra parte, según mi opinión, parece que el color le daba un aspecto menos frío y enigmático, tal vez le restaba su aire de "femme fatale", que era su mejor atributo, su auténtica marca, exclusivamente "en blanco y negro".
  
Había algo de mágico y misterioso en la imagen de Marlene,
en aquel rostro "en blanco y negro", a veces, que nos atraía
y nos fascinaba. (Por cierto, prodigiosa fotogenia la suya).
Dejando a un lado su profesión en el cine, nos queda hablar de su otro oficio artístico, el  de cantante. El que la mantuvo activa en sus últimos años, más que por otras razones para hacerse publicidad, porque lo cierto es que quería, casi compulsivamente, salvar y sostener su viejo mito. Las Vegas fue su lugar preferido; allí incluso solía pagar costosas invitaciones a los amigos  más influyentes para que la vitorearan. Así conoció al cantante y productor Burt Bacharach, su último amante, que terminó dejándola por una actriz más joven, si mal no recuerdo, con la entonces guapísima y exuberante Angie Dickinson. Se dedicó a hacer giras internacionales. Sin duda, el reclamo de mito viviente que aún ostentaba hizo mucho para un público que deseaba verla. Fue la época en que se sometió a varias operaciones, porque su decadencia física le obsesionaba, razón por la que huía de fotógrafos y entrevistadores.
  
El final de Marlene Dietrich fue muy triste, como el de muchas estrellas de leyenda. Se recluyó en su casa parisina, en la Avenue Montaigne. Su incapacidad para volver a trabajar en el cine, lo que agravó un deterioro físico que ella misma se encargó de agravar, la llevó a la desesperación. No veía a nadie y su frase común era "ya no sirvo para nada", o "nadie me quiere". En sus últimos meses tenía una persona que la cuidaba, pero terminó abandonándola, más que a causa de que no recibiera buen trato de ella, porque la veía en una espiral de autodestrucción. Deprimida, a media mañana comenzaba a ingerir alcohol hasta que caía extenuada. Al parecer, del whisky preprado, que es lo que solía beber, terminó siendo adicta al absenta.  María Riva, su única hija, declaró en sus memorias que la mayor tragedia de su madre fue el no haber amado a nadie, sólo a sí misma.
  
"... y aquel encanto de su rostro; deslumbrándote
sus ojos, a veces bien abiertos, cautivándote
con la mirada ¡Dios, qué ojos... qué ojos!"
Y en cuanto a resumir en pocas palabras el valor artístico de su trabajo y su talento como estrella, que es lo que aquí nos interesa, Dietrich quedó marcada por su hieratismo expresivo, perfil que expresó magníficamente (todo hay que decirlo), y además encasillada en su papel de "mujer fatal" ("la femme fatale"). Por otra parte, y aunque sus registros interpretativos se potenciaron más en su madurez, pues en sus inicios estaban muy limitados por ese rol hierático a que nos referimos, la carrera de Marlene Dietrich tuvo un espectacular brillo escénico en el  cine, tal vez debido a su magnetismo, a su enigmática y lánguida mirada. Desde luego, todo contribuyó para que la Marlene llegase a pasar a los anales y a la crónica del cine como una de las actrices más irrepetibles. Y eso, sin contar... aquel encanto de su rostro, cuando sus ojos, bien abiertos, te miraban y te deslumbraban; cuando te transmitían irremediablemente su hechizo. ¡Diós, qué ojos... Qué ojos!
   
He recogido, de esas mismas fuentes a que antes me refería, parte de su anecdotario más curioso y llamativo, o incluso más interesante. Por ejemplo que, en cierta entrevista que le hicieron, declaró que, aunque parecía tener vocación y un futuro brillante como violinista, no había ninguna lesión de muñeca que le impidiese tocar el violín (fue su excusa entonces) y que eligió comenzar sus estudios en la escuela de teatro, más que otro motivo, porque su profesor de violín terminó acosándola después de haberla iniciado en los asuntos del amor y del sexo. Luego, ella misma confesaría, sin reparo alguno, su afición por haber reunido un batallón de amantes, de uno y otro sexo, con los que se acostaría sin pensar en enamorarse de ninguno, negando que por ello que hubiera inclinación depravada o perversa en sus aficiones a la lujuria.
  
Lo que es cierto es que, aunque la belleza de Marlene
no se desvanecía con su imagen en color, sí perdía el
misterio de sus rasgos, el aspecto de "mujer fatal".
Joseph von Sternberg, su mentor, al que se le debe el mito Marlene Dietrich, inventó para ella su arquetipo de "mujer fatal". Él mismo declararía una vez: "No le di nada que ella no tuviera, pues lo único que hice fue potenciar sus atributos, hacerlos más visibles para que todos los notaran". Y añadió: "Después de descubrirla, para darle su pape en ´El ángel azul´, noté una fusión profesional y erótica que nos llevó a ambos a desempeñar un rol en el comportamiento de cada uno; a ella le gustaba actuar como mi sirviente y que yo la dominase, y yo dejaba que lo hiciera". Lo cierto es que a base de experimentar sobre ella, Sternberg descubrió todos los trucos de iluminación para realzar lo mejor de sus rasgos, lo más atractivo de sus facciones. La enfocaba detrás de su cabeza trazando una línea plateada en el centro de su nariz para reducir su anchura. Marlene solía enviarle con frecuencia notas escritas con la frase: "Sin ti, yo no soy nadie". Parece que era una forma delibera de alimentar la pasión en su maestro y así mantenerlo a su merced.
  
Cuando Sternberg se la llevó a América, contratada por la Paramount, ella estaba dispuesta a triunfar y a permitir, para ello, seguir la disciplina impuesta por él. Para empezar, adelgazó quince kilos, le extrajeron las muelas que más le marcaban su aspecto eslavo, hizo acentuar su palidez, se depiló las cejas, y además, utilizó maquillajes sofisticados para marcar su caída de ojos. Viajaba en un Rolls-Royce descapotable que le había exigido a la Paramount (parece que lo consiguió con facilidad, al igual que su lujoso apartamento, utilizando sus encantos con los ejecutivos de la productora, con quienes no tenía reparo en acostarse). Fue el esplendor de una época entre 1930 y 1935 y durante la que bajo la dirección de Sternberg rodó siete filmes filmes.
Incluso, en alguna ocasión, hemos podido ver reflejado
en los colores de su imagen ese aspecto de delizadeza
y fragilidad, hasta de ternura, muy común en ella.
Entre sus amantes, algunos de los primeros coincidiendo con su relación con Sternberg o su propio marido, fueron conocidos los intensos romances que mantuvo con Gary Cooper, Maurice Chevalier, la guionista Mercedes de Acosta, John Wayne, Jean Gabin, el General Patton, Richard Burton o Burt Cacharach, entre otros, sin olvidar los compañeros de reparto, técnicos y directivos productores quienes también pasaron por su alcoba para "cobrar" los favores que éstos concedían a Marlene. Además, entre sus cómplices amigos, podían contarse Hemingway, Orson Welles, Kirk Douglas, Edith Piaft y desde luego muchos más. Son algunos de los comentarios que recogí de éstos. De John Wayne: "El mejor ´frig´ de mi vida" (frig: "echar un polvo"). Hemingway: "Podía romperte el corazón solo con su voz". María Riva, su hija, escribió en sus memorias le dijo a su madre, una vez ésta retirara a vivir en su residencia de París y después de decirle que nadie la quería: "Quizá sea cierto que nadie te haya querido, pero porque tú nunca has amado a nadie".
  
Marlene le pasaba como a mi tía Carichi, que se quitaba la edad, nada menos que 4 años (las dos tenían obsesión con ser jóvenes). Su pasaporte decía que nació en 1905. Muchos años después supimos que había nacido en 1901. Le encantaba preparar en la cocina platos suculentos para sus amigos, a quienes decía que "no hay cosa mejor en la vida que el comer y el hacer el amor". Sobre esta última cuestión le preguntó una vez una periodista, que porqué tantos amantes, porqué tanto sexo. Le respondió que "la vida solo se vive una vez, y si no puedo encontrar el amor de mi vida, para serle fiel, buscaré esa fidelidad a través de la infidelidad entre todos los amantes que encuentre". En una de las últimas entrevistas que se le pudo hacer a la estrella, dijo ésta de su vida: "A los 20 años no era nada, a los 80 a los 18 años soy una vieja vulgar, entre medias he sido una actriz".
  
Escogí estas últimas fotos de Marlene porque reúnen muy bien 3 aspectos en la apariencia de su rostro.
La sensualidad de su mirada y de sus rasgos. Su aire misterioso e inaccesible, su aspecto frío y ausente.
Y la tercera imagen es como una mezcla de mirada lánguida, pero tierna y cálida, dando la impresión,
a veces, de una apariencia vulnerable y frágil.

Otra de las anécdotas que se cuentan de la actriz, de su condición de bisexual, es que durante el estreno de su primer film de éxito "El ángel azul", tuvo la osadía de lucir un ramo de violetas (símbolo del lesbianismo) sujetas a la entrepierna de su vestido, que no tuvo pudor en mostrarlo claramente.

  
Hay que decir en su favor que su patriotismo con América la llevó desde 1943 a arengar a las tropas aliadas en primera línea de fuego. La vieja canción "Lilí Marlen", que les cantaba a los soldados del frente, se convirtió en un símbolo y en 1947 recibió la Medalla de la Libertad, la mas alta condecoración que se concedía en EE.UU. Goebbels la invitó a regresar a Alemania con todos los honores y con la promesa del propio Hitler de que la convertiría en la máxima estrella de cine del Reich. Dietrich rechazó la invitación tras denunciar su sistema fanático nazi impuesto.
  
Son dos retratos dibujados de Marlene Dietrich. En ellos podemos percibir los perfiles del aspecto
distinto de los rasgos de dos personajes bien diferenciados. El primero, el cercano y amable,
nostálgico y amoroso. El segundo, el frío y ausente, misterioso e inaccesible.
Me queda ya, finalmente, hacer una semblanza o reseña concisa de la vida pública y artística de la Marlen Dietrich. Decir de su personalidad que la fascinación que irradiaba de su personalidad era un cúmulo de encantos. Por una parte, la sugerencia sensual de su mirada, desde la languidez perturbadora de sus ojos. Su cálida y sugestiva voz. Su aire altivo, inaccesible, como queriendo ocultar lo más deseado de su persona. Su elegancia, incluso para enseñar sus piernas de vértigo. Por otra, el estilo que daba a sus personajes, unas veces enigmático y ausente; otras, tierno y frágil. Todo ello, se convertía en una fusión que, si de lejos la veíamos como una mujer fría e inaccesible, cuando se acercaba nos arrollaba con su hechizo. Tanto es así, que el propio Gary Cooper, cuando la vio por primera vez, al empezar el rodaje de "Marruecos", dijo que estuvo a punto de desmayarse por la impresión tan seductora que le produjo. Y a propósito de desmayarse, y ésta es la anécdota final, una vez que la entrevistaron y le preguntaron si alguna vez se había desvanecido, la diva respondió: "Nunca me desmayo porque no estoy segura de si voy a caer con estilo". Así era ella, "la rubia berlinesa", "una de las estrellas más exóticas del cine", "la diva de la sofisticada y misteriosa belleza", sobrenombres con los que también se la conocía. Una actriz con tintes y trazos de mujer fatal, pero que hacía soñar a hombres y mujeres, estrella de una época dorada, con un fondo decorado "en blanco y negro".
  
Ángel González "Rusty Andecor"

jueves, 4 de enero de 2018

Rita Hayworth "La eterna Gilda". La llamaban "La novia de Hollywood" y fue "la mujer más deseada del planeta" en la década de los 40.

La llamaron "La diosa del amor" y era "El objeto de deseo de todos
los hombres". Sus curvas marcarían la pauta de la belleza durante
una década.
"Todos quieren lo mismo y lo desean cuanto más inalcanzable lo encuentran, yo siempre les hago creer que lo tendrán pronto o quizá algún día".
  
"Todos los hombres que he conocido se van a la cama con Gilda y despiertan conmigo"
    
"¿Te interesa saber lo mucho que te odio? Te odio de tal modo que buscaría mi perdición para destruirte conmigo. Estás advertido. No te extrañes de lo que pase".   
  
(Rita Hayworth)

"Rita Hayworth es la Columbia" (Llegó a decir Frank Sinatra, también obsesionado por su belleza)
  
"Gilda la encumbró a la fama y la convirtió en la mujer más deseada del planeta" (La Vanguardia, de la crónica "30 años de su muerte")
  
"Se la llamó "La novia de Hollywood" y "La eterna Gilda".
  
"Ahora ya saben todos lo que soy: Gilda", "Jamás creí volver a querer a un hombre en el resto de mi vida", "Dicen que soy una mujer fatal, como fatal es mi sino" (Frases extraídas de los diálogos de "Gilda").
  
Rita Hayworth se convirtió a sus 28 años en un mito erótico
con "Gilda" y pasó a ser "la novia de Hollywood"
Rita Hayworth. Norteamericana, nacida en Nueva York (17 octubre 1918 - 14 mayo 1987). De nombre original Margarita Carmen Cansino. Su padre, Eduardo Cansino, era bailarín sevillano. Su madre, Margaret Hayworth, bailarina de origen irlandesa. Llegó a Hollywood a los 15 años con su padre, procedente de un ballet español, quien al parecer la explotaba y sometía a abusos sexuales. A los 17 años, huyendo de él, comienza a trabajar en el cine en papeles secundarios bajo la protección de Edward Jutson, vendedor de coches y un oscuro hombre de negocios que se hizo pasar por su agente. Éste la trato precisamente como a un coche y le hizo "cambiar su carrocería", sometiéndola a varios cambios de imagen. Así, del resultado de esos cambios Rita se convirtió en una escandalosa belleza bajo la tutela de la coproductora Columbia. A los 21 años se convierte en una estrella al protagonizar "Sólo los ángeles tienen alas", una de las obras maestras de Howard Hawks. Rita Hayworth parece que volvía locos a productores y directores que se enamoraban de ella. Se dejaba querer, como lo hizo con Jutson, el que fue su primer marido, pero en su beneficio al saber rentabilizar el tiempo que duró su matrimonio con él, aunque también a costa de conseguir vender sus favores a los ejecutivos de la productora que la contrató. Y en cuanto al mito erótico que se le atribuyó a la Hayworth se consolidó con Gilda, el film que protagonizó a sus 28 años; una de las grandes obras del cine negro y uno de los hitos del "séptimo arte". (Clic en los textos sobrescritos en azul tenue para enlace con los documentos en vídeos)
  
La fascinación sensual y el sex-appeal de la Hayworth se manifiesta en no pocas escenas que vimos en el
cine. Su belleza seducía tanto que fue llamada entonces "la mujer más deseada del planeta"
El caso es que la fama por sus supuestos desvaríos sentimentales no parece que se correspondiera con la realidad, ya que se dijo que en la mayoría de las ocasiones Rita no respondía a los requerimientos sexuales de sus pretendientes, con excepción de los romances que ella consentía. En cuanto a sus matrimonios, se casó cinco veces, la segunda con Orson Welles, después con el príncipe Ali Khan, que fue su boda más "sonada". En 1972 abandona el cine, momento en que comienza a sufrir los primeros síntomas de Alzheimer, aunque se diagnosticó como alcoholismo, enfermedad de la que murió a los 68 años.
  
Rita Hayworth filmó más de 60 películas y el "American Film Institute" la considera una de las 20 estrellas más grandes de todos los tiempos, a pesar de que no obtuvo ningún OscarSu carrera cinematográfica comienza cuando a los 16 años, siendo explotada sexualmente por su padre (como se dijo anteriormente) y durante una actuación en un club nocturno de Tijuana, en Méjico, un productor de la Fox se fija en ella y le propone trabajar en el cine. Es entonces cuando se convierte en Rita Cansino y abandona una vida que la había dejado marcada con el trato de depravación que había tenido que soportar en su relación paterna. Así, a los 17 años consigue su primer papel secundario, pero a los 18 cae en las redes de alguien que tampoco va a dejar de explotarla; su primer marido, quien la obliga a acostarse con hombres que le irían a ayudar en su ascenso a la fama, según se recoge de uno de sus biógrafos. Le consigue un contrato con la Columbia, pero le exige el escaso patrimonio que tenía y la queda en la ruina.
  
"Gilda", una película representada a veces
por "una canción, un guante y el bofetón de
Glenn Ford", aunque sin olvidar la imagen
de su mítico striptease del mismo film.
Afortunadamente para Rita Hayworth, en el 1942 se divorciaría y así terminaría la etapa más oscura de su vida. Antes, en 1939, conseguiría un segundo papel en "Sólo los ángeles tienen alas", dirigida por Howard Hawks y protagonizada por Cary Grant. A partir de entonces y durante más de una década se entrega de lleno a numerosas producciones que la convierten en una gran estrella. Destacan "Ángeles sobre Broadway"La dama en cuestión", ambas producidas por la Columbia en 1940, ésta última dirigida por Charles Vidor. En 1941, "La pelirroja", con James Cagney y dirigida por Raoul Walsh, y "Sangrey arena", con Tyrone Power. En el 42, sobresalen "Mi chica favorita", con Victor Mature, "Seis destinos", con Charles Boyer, y "Bailando nace el amor", con Fred Astaire. En los años 1944 y 1945 protagoniza otros dos musicales, género en el que ya había trabajado años antes, "Las modelos"Esta noche y todas las noches", las dos producidas por la Columbia y dirigida la primera nuevamente por Charles Vidor(Clic en los títulos de los films y en los textos con su nombre sobrescritos en azul tenue, que enlazan con documentos en vídeo).
  
En 1945, la carrera de Rita Hayworth llega a la cumbre con Gilda, un drama pasional y también un digno referente del cine negro. Icono de la historia del cine. En Filmaffinity, Pablo Kurt dijo "El simbolismo y estética de Gilda la convirtieron todavía hoy en una obra imprescindible". La película, con Glenn Ford como compañero de reparto, producida también por la Columbia, fue dirigida por Charles Vidor, para quien Rita ya había trabajado en varias ocasiones. Luego en 1947, cuando aún no había cumplido los 30 años, la Hayworth protagoniza un film, nuevamente "cine negro", hay quien dijo que de mayor calidad artística que el anterior. Fue "La dama de Shangai", dirigida por Orson Welles y con él mismo como compañero de reparto. Y a pesar de la complejidad de su guión y desarrollo, así como de una crítica negativa que tuvo, se dijo que fue "la mejor película extraña que se haya hecho jamás". Carlos Boyero, de El País, llegó a decir: "Inquietante, morbosa, trágica, una de las mejores películas de Welles".
  
El glamour de Rita Hayworth se manifiesta también en los muchos
dibujos que se hicieron de la carismática actriz.
En los años 48 y 52 le siguieron otros dos películas con  Glenn Ford, "Los amores de Carmen" y "La dama de Trinidad", respectivamente, ambas de nuevo con la Columbia, éstas última dirigida también por Vidor. Entre el 53 y el 57 le siguen otras cuatro de la misma productora: "La bella del Pacífico", "Salomé" (clic full movie), "Fuego escondido", "Pal Joey", ésta última con Frank Sinatra y Kim Novak como actores en el reparto. A sus 40 años, en 1958, hace su último gran trabajo en la película de Delbert Mann titulada "Mesas separadas", en un reparto de lujo con David Niven, Burt Lancaster, Deborah Kerr, Rod Taylor, entre otros. Se trata de una mezcla de historias ambientadas en un viejo hotel que sirve para el lucimiento de magníficas interpretaciones, como las de Lancaster, Niven y la propia Hayworth. Por cierto, uno de los mejores "blanco y negro" de los 50.
  
Rita Hayworth había llegado a lo más alto como estrella de la interpretación y ya a finales de los 50 y durante los 60 apenas consigue sobresalir en algún otro trabajo conocido de su filmografía. Así pues, además de "Sangre en primera página", un drama judicial producido en el 59, sólo dos películas realizadas a mediados de los 60 son conocidas; "El fabuloso mundo del circo", con John Wayne y Claudia Cardinale, y "La trampa de.l dinero", nuevamente con Glenn Ford. A partir de aquí, su declive ya es evidente; los primeros síntomas del Alzheimer le impiden memorizar el guión y desaparece el brillo de su carisma y de su encanto. En el 72 hace su último intento en una mediocre producción que salva Robert Mitchum. Se dijo que la Hayworth "entró en una espiral de destrucción" y que, tristemente, "solo encontró consuelo en el alcohol".
  
Son escenas de dos secuencias de "Gilda", en las que Rita aparece con su pareja, Glenn
Ford, de quien se dijo se enamoró perdidamente de ella. Por cierto, el actor sería después
y hasta su muerte, su leal y mejor amigo. Inolvidable esta secuencia del film en que ella

interpreta quizá la canción más conocida de Gilda: "Amado mío" (Clic en el título)
Años más tarde, en 1976 sería fotografiada en el aeropuerto londinense. No había ni rastro de aquella encantadora imagen de femme fatale que había inmortalizado la Hayworth en sus películas. Su aspecto envejecido e irreconocible, desorientada, marcó el fin de la estrella. (Hay fotos en ese estado, pero en mi crónica he preferido omitirlas, pues me parecía de mal gusto incluir una sola en un digno homenaje hacia ella). De su lamentable deterioro, lo peor fue que todo el mundo pensó que fue la adicción a la bebida o las drogas lo que motivó aquel cambio. Sin embargo fue la terrible presencia del Alzheimer cuyos efectos nadie conocía. Incluso su hija Yasmín parece que la repudió acusándola de borracha. Un par de años después, cuando tenía 60 años, Rita no sabía ni quién era ni quién había sido, ni quienes habían sido sus maridos. Arruinada, olvidada por todos, absolutamente sola, falleció al poco tiempo en 1987.
  
Y concluyendo con su vida privada, de sus frustraciones y desgracias, decir que Rita Hayworth nunca fue feliz. A los tres años su padre ya la obligaba a recibir clases de baile y a ensayar para formar pareja con él. A ella no le gustaba, pero no se atrevía a negarse. Al principio lo adoraba, hasta que un día a sus 14 años, comenzó a sufrir sus abusos sexuales. Y si en su niñez y adolescencia ya sufrió vejaciones, luego sus matrimonios serían todos un fracaso. En varias ocasiones estuvo a punto de dejar el cine y huir del acoso mediático que la envolvía si con ello podía encontrar la felicidad. Ella decía que sólo quería que la amasen, pero no que la deseasen por su cuerpo. Creyó tener una oportunidad con Orson Welles, quien se enamoró de ella y cuyo magnetismo la sedujo. Sin embargo, y después de su matrimonio en 1943, él comenzó a abandonarla y a dedicarse a otras mujeres.
  
Su aspecto en una escena de "La dama de Shangai". Una imagen
en contraste con la de su famosa y melena pelirroja.
Welles la obligó a cortarse el pelo y teñir de rubia platino.
Revisando su anecdotario hemos sabido que en el proyecto de "La dama de Shangai" la Columbia se negó rotundamente a que Welles la dirigiera, no obstante formar parte también de la producción. Sus escaramuzas fueron tales que estuvo a punto de acabar con su carrera si no es por la intervención de Rita ante los productores de la propia compañía, a quienes ella pudo convencer para dirigir e incluso para que le apoyaran después, y ello a pesar de que él, celoso como era, la trataba mal e incluso la llamaba "idiota" ante la prensa. Ella, tímida y vulnerable, había aprendido a callar y a aguantar todo tipo de insultos.
  
Otro dato a destacar de la vida de la Hayworth fue la espectacular ceremonia celebrada en 1949, cuando se casó con Ali Khan. El suceso se convirtió en uno de los enlaces más sonados de la época. Un manto de 60.000 rosas junto a una piscina llena de agua de colonia de una prestigiosa marca de perfumes en la Riviera francesa fue el lugar escogido para la boda. El hecho es que Kahn no fue mejor marido que Welles. Ludópata, mujeriego y pervertidor de menores. Así, en 1953 se produjo el divorcio. Y lo cierto es que tampoco tuvo suerte con los otros dos matrimonios. El cuarto, un cantante argentino que incluso le pegaba. El quinto, un productor salvaje y degenerado que la trataba como a un animal. Se contó en la prensa que Charlton Heston con su mujer cenaron una noche con Hayworth y su marido en España. El matrimonio Heston no pudo evitar presenciar los insultos y humillaciones hacia la infeliz Rita proferidos por su marido. El actor confesaría después "Fue la noche más vergonzosa de mi vida".
  
Además de que las curvas de Rita marcarían la pauta de la belleza durante una década, su boca
y las facciones de su rostro sugestivo y descarado fue la portada más erótica y sensual de entonces.
En cuanto a sus supuestos amoríos, sus relaciones sentimentales (no sabemos si en el transcurso de sus matrimonios o entre el tiempo que estuvo divorciada, entre unos y otros), se habló de que fueron amantes Victor Mature, Kirk Douglas, David Niven, Glenn Ford, incluso el futbolista Paco Gento. Aunque, precisamente fue Ford, el actor que trabajó varias veces con ella como compañero de reparto, quien siempre fue un buen amigo para RitaGlenn Ford contaba al conocer su muerte: "Estoy triste, una querida amiga me ha dejado sólo. Ver sus imágenes, sentir el halo que desprenden, hace más terrible pensar en su lento deterioro. Pocas como ella lograron hacer brillar tanto la magia del cine. Y ninguna pudo brillar tan alto y con tanta alegría de vivir". En otra ocasión, éste reconocería que se enamoró de Hayworth durante el rodaje de "Gilda", aunque ella no pareció corresponderle, porque decía "era imposible no volverse loco por ella", llegando a calificarla como "la actriz más sensual de la historia de Hollywood". En su entierro y en el funeral celebrado en la iglesia católica, en Los Ángeles, una orquestas de cuerda interpretó diversas melodías de sus películas durante el oficio religioso. Su cuerpo yacía rodeado de lilas y tulipanes blancos. Velaban su cuerpo, además de Glenn Ford, Tony Franciosa, Ricardo Montalbán, Jane Withers y César Romero, entre otros.   

Rita Hayworth, el sex symbol de toda una década entre los 40 y los 50, tímida y retraída, escondía sus
complejos bajo el glamour de sus personajes. Quizá habría que haberla descubierto mejor en la
autenticidad de sus colores naturales, tras aquella atormentada "Gilda", más que en el melancólico 
perfil claroscuro del "blanco y negro" del film. (Rita, en una de las escenas de su genial personaje (clic),
aunque envuelto con la fantasía y la magia del color)
Finalmente, y recurriendo a ese mismo anecdotario, el que nos relata otros de los datos biográficos de la estrella, unos más y otros menos conocidos, recordemos que uno de los disgustos más grandes de su vida fue descubrir que una bomba atómica lanzada de pruebas por EE.UU. llevaba su foto interpretando a Gilda, teniendo en cuenta que ella era pacifista. Incluso para irritarla aún más, su rostro aparecía dibujado en cada avión de combate de la segunda guerra mundial.
  
Y una última anécdota, ésta más bien con la llegada de la película "Gilda" a España. La Iglesia la consideró "gravemente peligroso" por la escena del striptease del guante y por el descaro con que se mostraba Rita Hayworth en algunas escenas. Incluso, amenazando a las autoridades y salas de cine con ex-comulgarles si no se cortaban esas escenas. Los censores les dieron la razón y la llamaron desde "indecente" hasta "enviada de los infiernos". Así pues, se dispusieron a cortar las que llamaron "escenas inmorales". Sin embargo ocurrió algo sorprendente; pues el General Franco, que era un cinéfilo empedernido, se enteró que Rita Hayworth era española y sevillana, que se llamaba Margarita Cansino y que había sido de niña bailarina. Se dispuso a ver la película en el lujo de su cine privado y ordenó a los censores que no se les ocurriera tocarla y que "guardaran las tijeras". Fue increíble, pero España pudo ver "Gilda" sin cortes ni censura. Y Franco pudo ver su secuencia favorita, repetidas veces, una y otra vez (eso decían los "cotillas" de su palacio), la de "Amado mío".
  
Ángel González "Rusty Andecor"